miércoles, 19 de mayo de 2010

El oficio del bilingüismo



"Muchas veces los psiquiatras recomiendan a los padres de bilingües con falta de atención que dejen de hablarlos en el segundo idioma. Es un error", se alarma la psiquiatra Orlanda Varela. Trabaja en el instituto de terapia multilingüe Sinews, una de las pocas consultas especializadas que hay en España. Es más, según un estudio del Grupo de Investigación en Neurociencias de la Universidad de Barcelona, un bilingüe se concentra mejor, por ejemplo, cuando en una oficina suenan los teléfonos y varias personas hablan al tiempo, por su costumbre de controlar las interferencias de un idioma a otro.
Por los balbuceos de un bebé se distingue qué lengua está acostumbrado a oír

"Los niños bilingües pueden tardar más en hablar, pero no en comprender", precisa Gemma Sanz, profesora de Didáctica de Lenguas Extranjeras en la Universidad Autónoma de Madrid. "No es un problema patológico", recuerda Varela. Es un proceso normal porque desde un inicio descubren dos palabras para designar la misma cosa. "Es un sistema complejo. Por eso los bilingües, que tienen más conexiones cerebrales, tienen más capacidad de encontrar soluciones diferentes a un problema", explica.
"Es verdad que hablar dos lenguas, que es una gran riqueza cultural y una fuente de oportunidades, puede desencadenar o agravar trastornos del lenguaje -como la tartamudez o la dislexia-, pero nunca es el origen", subraya Varela. Coincide Mariana Lombardo, logopeda, que dirige un taller para padres preocupados por el bilingüismo: "Casi todos los niños pequeños tienen un tartamudeo fisiológico, su pensamiento va por delante de sus palabras. Y en el caso de los bilingües con más razón, porque tienen que colocar vocablos en dos archivos diferentes. El tartamudeo se considera una patología en los monolingües si persiste a los cinco años y medio, y en los bilingües a los seis años y medio", añade.
Si el alfabeto es el mismo en ambos idiomas, el niño extrapola de forma natural las nociones de lectura y escritura que ha aprendido al segundo. Siempre uno predomina sobre el otro y pueden fluctuar a lo largo de la vida. Y, en este marco, si el trastorno de pronunciación o dislexia se da en el idioma imperante, también afectará al subordinado.
Aunque hay también problemas propios de la lengua "débil", por ejemplo que el niño se niegue a contestar en el idioma o mezcle ambos en un relato. Se solventan con estimulación. "Si son pequeños, con canciones, actividades... Y si son mayores, con videojuegos, juegos por turnos, asistencia a obras de teatro o a un concierto. Todo lo que no sea aprendizaje formal", propone la logopeda.
"El niño se acomoda si ve que se le entiende. Tiene que necesitar comunicarse. Y eso se consigue visitando el país, recibiendo a la familia de fuera o en juegos en ese idioma", continúa Varela. Se refiere a los playgroups (grupos de juego) que estimulan el idioma más "flojo" con cuentacuentos, música, baile... El bilingüismo exige una gran implicación y muchos padres abandonan.
Una regla es básica entre los padres: no traducir sistemáticamente de una lengua a la otra. "Cada palabra de una lengua no coincide plenamente en significado y uso con la de otra. Y esto se puede aprender a partir de un uso continuado de ambas", sostiene Sanz. También hay que evitar hablar al niño en dos idiomas en la misma conversación: "A un niño de tres años no se le puede decir que hable sólo en inglés o que en inglés se dice 'dog' en vez de 'perro', porque no entiende el concepto de idioma. Es mejor que aprenda a distinguir según el contexto: 'Mi profesora dice, mi mamá dice...". Y habituarle desde que nace a escuchar los dos idiomas si las parejas son mixtas. Los bebés perciben la musicalidad de su entorno, hasta el punto de que con sus balbuceos se puede distinguir la lengua en la que se crían.
A los talleres de Mariana Lombardo acuden muchos españoles interesados en que sus hijos sean bilingües en inglés, por su utilidad como lengua vehicular. Les aconseja calma, pero les habla de las grandes oportunidades que abre su dominio. No tiene sentido que estos progenitores se comuniquen con su descendencia en una lengua que es ajena. "El bilingüismo se consigue en un medio natural. No hemos aprendido a hablar señalándonos las cosas", ejemplifica la logopeda. La riqueza cultural de otros idiomas, como el francés o el italiano, o el origen familiar anima a la escolarización en esas lenguas. Si el bolsillo y las circunstancias lo permiten, sugieren una guardería o una canguro de la lengua a aprender y la escolarización en un colegio íntegramente en esa lengua. Los colegios públicos promocionados como bilingües en inglés Varela los denomina "escuelas con refuerzo en una segunda lengua". "Lo que hacen es impartir en inglés del 20% al 30% de las clases...".
"Para que un niño llegue a ser bilingüe debe escuchar el segundo idioma al menos un 20% de su tiempo. Y en estos colegios en el recreo sólo se escucha español. Está mal planificado. Los padres son incapaces de ayudar en los deberes. Debía de haber ayudas en la web del colegio". Además, ahonda Sanz, "existe el riesgo de que más que enseñar la lengua para la vida cotidiana, el objetivo sea aprender las partes de la flor, los nombres de los animales... para que puedan estudiar o trabajar fuera".

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